Hay ocasiones
en las que llegan a agobiarnos las acciones de otros, el día a día o los retos
por enfrentar y, por más que gritemos, nadie nos escucha. Sentimos que el mundo
se nos viene encima y hasta llegan a brotar lágrimas de miedo y angustia.
En cambio,
hay otras veces en las que callamos en el más profundo silencio y queremos
ocultar a toda costa nuestras penas, temores, emociones y hasta alegrías… y todos
se enteran.
Pero como
todo en la vida necesita un equilibrio, no debemos encerrarnos en nosotros
mismos, ni tampoco abrirnos al mundo como flor en primavera porque hay personas
que se aprovechan tanto de tu reclusión, como de tu aurora personal.
Cuesta mucho
lograr este equilibrio, pero cuesta más soportar la presión de una crítica o,
al contrario, la angustia de un silencio, por no buscar una solución que nos
mantenga confiados y sostenidos para no caer.
Es doloroso
ver que quienes ve uno como esperanzas de apoyo, sean quienes terminen por
soltarte y dejarte caer.
Es complicado
pretender tener una reacción instantánea ante las diversas situaciones que se
presentan, si no se ha tenido la experiencia de enfrentar momentos embarazosos
que lamentar.
Son tantos
los polos extremos y opuestos a los que nos exponemos día a día, que se hace
complicado encontrar el equilibrio, pero que debemos perseguirlo para poder
conseguir algo de paz interior y hasta estabilidad emocional y sentimental.
Pienso que en
ese perseguir del equilibrio se desarrolla gran parte de la vida de cada uno de
nosotros, sólo que quienes hemos vivido en un solo platillo de la balanza, no
vemos con claridad el camino para llegar al platillo contrario.
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