No imaginan lo orgullosa que estoy de vivir en una relación triangular que, por demás, es maravillosa y aunque con tropiezos, altos y bajos, me ha enseñado a enjuagar lágrimas en el sudor de mi lucha, a gritar a mi almohada mis miedos y a abrazar las esperanzas que llegan con el viento que golpea mi cuerpo.
Este triángulo es una relación que cualquiera desearía tener. Donde tres personas compartimos un día a día. Un trío que no está mal estructurado ni puede ser criticado o mal visto por quienes han contado con esta bendición.
Y es que cada persona en este triángulo tiene su propio carácter, maneras de ser, expectativas, sueños, deseos y hasta intereses y sin embargo, tenemos un sentimiento común: el AMOR.
Estoy consciente de que esta relación triangular tiene fecha de vencimiento, más no así de caducidad. Cada quien tomará un rumbo diferente cuando otro amor toque a las puertas de su corazón, pero este primer amor compartido de manera triangular no se olvidará ni se desplazará, porque el amor de una madre para sus hijos y de éstos para ella, es eterno.
Gracias Jesús Daniel y Daniela de Jesús por estar en mi TRIÁNGULO DE AMOR.
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