Me han conocido como esa mujer fuerte, emprendedora, capaz de afrontar cualquier reto, de buenos sentimientos y abierta a escuchar y tender mi mano a quien lo necesite; por eso he preferido encerrarme, escribir, llorar y... llorar.
Y es porque encerrada puedo hablarme y ser sensible a plenitud, puedo ser yo: esa mujer extremadamente sentimental y resiliente, capaz de aconsejar sin poder tomar para sí, uno solo de sus consejos.
Sé que algún día me animaré a salir de aquí, de este encierro. Sé que no se me acabará el tiempo antes de que yo llegue a ver la luz. A lo mejor esa luz que deseo ver, me envuelva antes. Sé que si merezco ser feliz, a lo mejor es que no me he dado cuenta de que esto que ya tengo, es la felicidad.
Y no me digan que tengo a mis hijos, porque ellos son es BENDICIÓN. Ellos son una felicidad pasajera para mi porque ya pronto cada uno volará, hará su propia vida y tendrán oportunidades para encontrarla; me refiero a esos inolvidables momentos de volver a ver junto al ser amado la luz de la luna llena, el primer rayo de sol y el calor de dos cuerpos en uno... ¡A eso!
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