miércoles, 8 de enero de 2014

¡CÁLLATE SILENCIO!

Silencio, tú que me obligas a crearme una forma de vida interior, hoy quiero dedicarte mis palabras.

Unas tantas son reclamos, otras pocas son súplicas y todas juntas son mi sentir.

Tú siempre has utilizado mi sonrisa como antifaz para presentarte a quienes te debes enfrentar, pero déjame contarte algo: con esa actitud hieres muy profundamente a quienes no se merecen ese trato.

Si, hieres al corazón y a la razón y ellos a su vez, se ven obligados a reclamarlo cuando están a solas y hacen que ese líquido salado que brota de los ojos, sepan a un amargo doloroso que se hace insoportable.

A ti Silencio, también debo reclamarte el hecho de que me obligues a obedecerte cuando debo defenderme o manifestarme. Pero sólo lo hago porque pienso en dos hermosas sonrisas, las cuales deseo que sean eternas y que tú nunca puedas hacerles daño.

Otra cosa que debo reclamarte es el hecho de que me hayas dado falsas ilusiones de creer, de tener compañía, apoyo y amor a corto plazo y en corta distancia. Me haces dudar cuando quiero expresarme y terminas imponiéndote...

Quiero confesarte que muchas veces te odio, pero aquellos a quienes heriste antes, se vuelven tus más fieles defensores y me convencen para que siga teniéndote presente. 

Entonces entro en un estado de dudas y confusiones provocadas por quienes te defienden y por ti; saliendo tú siempre airoso y comenzando de nuevo mi lucha interior donde te grito desde muy adentro ¡CÁLLATE SILENCIO!

No hay comentarios:

Publicar un comentario