domingo, 5 de enero de 2014

UN LLANTO SONREÍDO

Gritan mis ojos al no poder impedir que corran por mis mejillas los más tristes torrentes que de ellos brotan.
Lloran mis labios por tratar de evitar que de entre ellos fluya cualquier fonema que pretenda evidenciar una fingida sonrisa a la cual todos deben admirar.
Atormentan los pensamientos porque se cruzan unos entre otros, manteniéndose entrelazados y formando un eslabón indestructible en la cadena de sentimientos que llegan directo al corazón.
Esa sonrisa, aunque fingida, llega a ser el más firme cimiento al que ojos, labios, pensamientos y corazón, pretenden derribar.
Esa sonrisa es escudo y tapia que ha de impedir a otros, llegar más adentro, más a lo profundo y más al fondo de ese silencio que exige a gritos que lo dejen liberarse y poner fin a ese tormentoso llanto interior.
Es así como se siente cuando se escapa de mi alcance el dominio de un momento que algún día habría de llegar y que mis temores querían evitar no dándoles la oportunidad de entrar... Pero llegó, sucedió y sacó de mi UN LLANTO SONREÍDO.

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