Siempre
te tendré presente aunque ya no te vea.
Siempre recordaré con cariño
todos aquellos bellos momentos que viví contigo.
Debo decirte que preferí guardar pocos recuerdos,
pero ten por seguro de que son los más bonitos,
aunque la del último día que te vi, no lo sea y no he podido olvidarlo aunque quiera.
Con mucho cariño guardo en mi memoria tu característica forma de ser,
tu carácter, tus consejos, hasta tus llamados de atención...
pero sobretodo, el gran amor que siempre me demostraste.
Ya soy toda una mujer y he madurado,
pero no lo suficiente para comprender el por qué ya no estás aquí para todas
esas cosas.
A veces pienso que andas de viaje o trabajando fuera de casa y por eso no te veo.
Siempre miro tu fotografía
y le hablo pidiéndote que seas mi intercesor ante Dios…
Te
extraño tanto!!!
No te imaginas cuán arrepentida estoy de no haber tenido el
valor de decirte
lo mucho que te amo y necesito.
Creo que
debe ser por mi forma de ser, pero no me justifico en eso.
Lloro, siempre lloro al recordarte y, más aún, al recordar ese
“Dios
te bendiga mi amor, yo sé que no te voy a volver a ver más”
que dijiste el último día que te vi.
No sé por qué, pero sentí que nosotros tampoco te volveríamos a
ver… y así fue.
Desde
allí comenzaste el largo viaje.
Siento que estás aún aquí, pero simplemente no
coincidimos en el mismo lugar
ni en el mismo momento
y que, así como Dios me
cuida y me guía, también lo hace contigo
y te tiene en un lugar privilegiado: a su lado!
TE AMO, PAPÁ!!!
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